martes, marzo 19, 2013

Quién hubiera imaginado que llegaría el momento, ese maldito momento de mirar para un costado y no verte en mis mañanas ni sonreír con tu voz...



Lo lloré tanto cuando se fue, tanto tanto...
Tanto que hoy en día todavía sigo llorando.
Es porque me falta mi mitad, 
mi fiel compañero de salón, mi hermano, mi mejor amigo.
Me falta aquella persona que dijo que nunca me iba a dejar sola y tiene razón, no lo hizo.
Esa persona que dijo que nada iba a cambiar, pero a la vez todo está cambiando.
Lo tengo conmigo y a la vez no todos los días al lado mío, eso me desestabiliza.
Perdí la conexión directa con mi cable a tierra.
Perdí esa sonrisa que me producía cuando entraba al salón 
y pase lo que pase, él estaba ahí al lado.
Eso todavía no puedo superarlo, tampoco quiero hacerlo.
Nadie va a poder ocupar su lugar
y también tengo miedo de dejar de ser esa persona que, gracias a él, fui.
Las lágrimas me nublan la vista, no puedo seguir escribiendo por hoy.


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